I Congreso Virtual de la Lengua Española
Víctor García de la Concha: "Por la corrupción del lenguaje empiezan muchas otras corrupciones"
El artículo completo lo encontrará haciendo click aquí
El III Congreso Internacional de la Lengua Española ... llegó a su fin
Empuñando el bolígrafo identificado con el logotipo del foro, con el bolso que nos obsequiaron sobre el regazo y un cuaderno entre las manos –como niños en su primer día de clases–, alrededor de mil asistentes seguimos, línea a línea, la ponencia general de la sesión plenaria, que recayó en Claudio Guillén, miembro de la Real Academia Española. En respetuoso silencio, asintiendo con la cabeza ante las afirmaciones del especialista y plegándonos con tímida risa cómplice a alguna humorada, los inscriptos al Congreso debutamos en El Círculo.
La multitud femenina en las butacas, contrastaba con la unánime presencia masculina detrás de los micrófonos: los ocho oradores eran hombres. Este hecho se hizo voz al día siguiente, cuando una mujer –de la platea– lo comentó con los panelistas. En realidad, los que expusieron las ponencias de los tres días fueron –en su mayoría– hombres, y solo hubo alguna que otra mujer en las sesiones plenarias de las tardes –paneles simultáneos–, en el Complejo del Parque España.
Aunque el centenario y reacondicionado teatro estaba colmado, cuatro pantallas gigantes –dos dispuestas sobre la escenografía y las restantes, suspendidas en lo alto del telón de fondo– aseguraban la visibilidad desde cualquier punto del auditorio, que llenaba al menos cuatro de las cinco bandejas disponibles. En dos de las imágenes amplificadas se veían, en plano corto, los gestos del expositor de turno. En las otras dos, planos generales del teatro.
Para cubrir lo que sucedía, decenas de periodistas provenientes de todo el mundo ocupaban su sitio en el palco reservado para tal fin, o bien seguían las ponencias desde el centro de prensa montado en el segundo piso del mismo teatro, donde también había pantallas para la retransmisión. Una actividad febril, destinada a que el Congreso llegara con sus noticias a todo el mundo.
En la segunda jornada del III Congreso, después de la apertura de las dos primeras secciones del programa académico, se llevó a cabo la presentación de ocho paneles simultáneos en el Parque de España, la otra sede del foro, emplazada en un bellísimo paseo sobre las barrancas del río Paraná, cerca del centro de la ciudad.
El tono allí era otro. Sin la solemnidad del Teatro El Círculo como escenario, la cercanía de las sillas donde se ubicaba el público con respecto a la mesa de panelistas facilitó la interacción: tras la lectura de las exposiciones, hubo tiempo para preguntas, humoradas, anécdotas y polémicas. Los asistentes pedíamos más explicaciones, cuestionábamos algún dicho de los congresistas o planteábamos nuevos temas para encauzar la charla.
El patio del Parque de España, convertido en sede de improvisadas tertulias, congregaba nuevamente, cuando ya el sol había caído, a asistentes y especialistas. Los ponentes cuyo turno había sido el día anterior se saludaban con quienes expondrían al día siguiente –que se habían acercado a escuchar a sus colegas–, se deseaban buenos augurios y prometían futuros encuentros. Los congresistas nos presentábamos e intercambiábamos opiniones que generaron, en muchos casos, interesantes proyectos. A orillas del río Paraná, café de por medio, las luces seguían iluminando el encuentro.
En este III Congreso Internacional de la Lengua Española he vivido las anécdotas más diversas. Desde conversar con educadoras de remotas ciudades del interior de la República Argentina, hasta con eminencias del mundo de las letras.
Comentaban las maestras que en sus comienzos, cuando eran muy jóvenes y con todo el empuje, preparaban –con la ayuda de sus familias–, cuadernos para los niños que no disponían de material. Para ello recorrían las empresas de la zona pidiendo hojas impresas en una sola carilla y ya dejadas de lado, con las que armaban cuadernos. Cortaban los lápices en tres, para que “duraran más” y los guardaban en latitas que habían adornado previamente con florcitas de plástico color naranja. Esas mismas maestras son las que, movidas por su magnífico espíritu de perfeccionamiento, han asistido a este Congreso. Y esas mismas maestras afirman que las condiciones en las que trabajan en muchas escuelas siguen siendo las mismas. Se han oído sus voces en todos los ámbitos del Congreso, reclamando por la igualdad de oportunidades para todos los niños; es de esperar que las hayan escuchado.
Hacia donde se mirara, uno encontraba personas con los portafolios del III
Congreso, que nos fueron entregados a todos los congresistas. Rosario bullía
de visitantes argentinos y extranjeros, pero todos unidos por una sola lengua:
el español.
Las actividades culturales que se organizaron como marco para este Congreso
eran tantas y tan variadas, que resultaba imposible ver todo lo que tenían
para ofrecer.
Homenaje a Ernesto Sábato
La ceremonia de mayor emotividad –sin duda alguna–, fue la del
último día, con la presencia de nuestro queridísimo Maestro,
Ernesto Sábato y el renombrado José Saramago, escritor portugués,
ganador del Premio Nóbel de literatura, quien participó del
homenaje a un Sábato conmovido hasta las lágrimas, quien arrancó
vítores acompañados de interminables aplausos en todos los presentes.
Al arribar a Rosario, los comentarios eran negativos.
–El Presidente aún no ha llegado, dejó esperando al Rey,
¡nada menos que al Rey! –decían todos.
Pero, en fin, sabemos la poca afinidad que tienen las máquinas voladoras
de todo tipo (eso incluye aviones y helicópteros) con nuestro primer
mandatario. Por lo cual, con una diferencia horaria que cambió los
planes de muchos, el acto se llevó a cabo luego del almuerzo en la
Bolsa de Comercio. Por supuesto, el operativo de seguridad estaba extendido
a las zonas aledañas.
Paso a comentar algunos de los paneles que me resultaron más aleccionadores, ya que sería tedioso para los lectores, si los detallara a todos.
Literatura y realidad
Era el título de uno los paneles compuesto en su totalidad por escritores,
que se realizó en el Complejo Parque de España bajo la consigna
“Escritura literaria: la invención de una identidad”, dentro
de la sección II del III CILE. Con la coordinación del escritor
y embajador argentino Abel Posse –quien hizo alarde de un marcadísimo
“dequeísmo”, para gran tribulación de todos los
presentes–, la argentina Angélica Gorodischer, el argentino Elvio
Gandolfo y el puertorriqueño Luis Rafael Sánchez debatieron
acerca del papel de la literatura en la creación de la identidad de
los pueblos hispanoparlantes.
Con una ponencia que Posse calificó como “una parábola
del nacimiento de la lengua”, Gorodischer intentó explicar, a
través de una especie de cuento, cómo “la lengua produce
la realidad de las personas”. Lo hizo a partir de la Torre de Babel,
hecho bíblico utilizado por muchos de los expositores.
A su vez, el rosarino Gandolfo desarrolló una exposición llena
de referencias autobiográficas para explicar su ingreso al mundo de
las letras desde un hogar obrero.
Sánchez fue el panelista más festejado al apelar a un texto gracioso, irónico y con rimas que buscó explicar el papel de los extranjerismos y barbarismos en la formación de la idiosincrasia caribeña; en especial, recalcó, acerca de “la lidia centenaria que los puertorriqueños tienen con el inglés”. Se refería, entre otros, al dicho “llámame para atrás”, que resulta de traducir literalmente del inglés “call me back”. Asimismo, reconoció la compleja situación de su país al asegurar que “a veces los propios hispanoamericanos nos tratan como bastardos, pues no reconocen nuestra identidad hispanoparlante”.
Subtítulos y doblajes bajo la lupa
Uno de los paneles de la sección III que despertó más
entusiasmo entre sus muchos asistentes fue el titulado: “El español
de los textos cinematográficos: filmes y doblajes, series y telenovelas
del mundo hispánico”, en el que intervinieron el cineasta argentino
Carlos Sorín, el director del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales
(Incaa) de Argentina, Jorge Coscia, y el investigador de la Universidad de
Buenos Aires Eduardo Romano.
El panel estuvo presidido por el director de la Academia Cubana de la Lengua,
Lisandro Otero, y coordinado por el guionista y director de teatro mexicano
Miguel Sabido, que se mostró muy activo en su función.
En primer lugar, Coscia cuestionó el español neutro de los doblajes.
Tras aclarar que “hay doblajes buenos y malos”, consideró
que –sin duda– existe una pérdida “a veces irremediable”
en los subtitulados y doblajes, lo que constituye “un dilema sin resolver”.
Como ejemplo, citó la obra de Whitman, cuyos matices se pierden cuando
se lo lee en español.
A continuación, Romano describió minuciosamente cuál es la lengua que se habla hoy en el cine y la televisión en el mundo hispánico, recurriendo para ello a numerosas citas ilustrativas. “Tal vez los modos de representación en el cine estén cambiando” –arriesgó. Al caracterizar al discurso fílmico actual, sostuvo que “se origina en una serie compleja de visiones autónomas de distintos directores, que están unidas, a su vez, por una imagen de época”. En relación con la pantalla chica, destacó que en la actualidad “abundan las tele-comedias conciliadoras” y consideró que “el palimpsesto televisivo tiende a homogeneizar”.
En último lugar, precediendo el momento de las preguntas del público
–muchas de las cuales le estuvieron dirigidas– un entusiasmado
Sorín confesó que su presentación en el III Congreso
fue una “audacia” a la que se atrevió. La perspectiva adoptada
en su exposición fue más amplia de lo que proponía el
título de la mesa: buscó dar cuenta de la “siempre conflictiva
relación entre literatura y cine; entre palabra e imagen”. “La
palabra «evoca» más que la imagen y ese es su fuerte”
–aseveró.
Como para distender un poco el clima académico, allí estaba
nuestro inefable Fontanarrosa. Mientras el resto de los académicos
de la mesa vestía trajes oscuros y corbatas, él se presentó
con una camisa entreabierta que lo hacía lucir muy... como él
es.
–Lo que es no conocer esta ciudad. Bellas mujeres y buen fútbol,
¿qué más puede ambicionar un intelectual? –se jactó
Fontanarrosa al iniciar su atípico y delicioso “aporte irregular
al lenguaje y al Congreso”, en el que bregó por una amnistía
para las “malas palabras”.
–¿Por qué son malas las malas palabras? –quiso saber,
sin proponer una defensa “quijotesca” de las malas palabras–.
¿Son de mala calidad? ¿Les pegan a las otras? En alusión
a las “palabrotas” –palabras cada vez más saludables
y fuertes– explicó que reflejan la expresividad y fuerza, permiten
matices, “algo que las hace difícilmente intrascendentes”.
Continuó luego con diversas humoradas que venían al caso y expresadas con mucha altura. Fue el expositor más aplaudido de esa mesa.
A continuación, Bryce Echenique explicó que “es deseable que la lengua internacional sea el medio de expresión de la filosofía, la ciencia o el periodismo, pero no de la literatura, que debe escapar a ella so pena de dejar de ser creación”. Y tuvo tiempo para referir una anécdota de Víctor Hugo, quien decía: “De haber vivido y crecido en España, me habría convertido en un poeta español, y mis obras no habrían tenido el alcance internacional que han tenido”. “En la Francia de hoy, imposible sería escribir un diario clandestino en español –tal como lo hacía Víctor Hugo– puesto que el español sería incapaz de disimular los secretos de alcoba de nadie” –reflexionó divertido.
Por último, y antes de dar lugar a las preguntas del auditorio, Julio María Sanguinetti, “tocado por un ángel para hablar” –como sugirió Escribano, y es verdad pues fue el único expositor que no leyó su ponencia– hizo mención a las tres globalizaciones que ha vivido la humanidad y sus vínculos con la expansión de las distintas lenguas hoy dominantes en el mundo.
El escritor argentino Juan José Sebreli participó el día jueves, de la Sección II “Identidad y lengua en la creación literaria”. En la oportunidad, defendió la diversidad del español y de toda lengua en general. “La pureza en la lengua es contraria a la vida; toda lengua es esencialmente impura, babélica, mestizada, bastarda, promiscua y está bien que así sea” –expresó.
Un tema aparte es el del poeta y monje trapense Ernesto Cardenal, que fue uno de los personajes de la cultura que despertó mayores expectativas entre los que asistimos al III Congreso. Tras participar por la mañana en la Mesa redonda de la Sesión plenaria de la II Sección: “Identidad y lengua en la creación literaria”, brindó una conferencia –muy concurrida– en una de las salas del Teatro El Círculo. Se refirió extensamente a diversos temas relacionados con la revolución, el socialismo y la teología de la liberación y enfatizó que el único sistema que de verdad fracasó, es el capitalista. Ante una pregunta acerca de su posición dentro de la Real Academia Española, dijo:
–Cuando tenía 18 años era antiacadémico y ahora, que tengo 80 años menos dos meses, lo sigo siendo, aunque también soy miembro de la Academia.
La evolución biológica pasa por la diversificación, y lo mismo sucede con las culturas y con el lenguaje. Nuestro idioma español proviene del latín. De haberse quedado en el latín, hoy no estaríamos reunidos aquí. Y del mismo modo que sucedió con aquel español, el de la actualidad también se modifica haciéndose argentino en Argentina o mexicano en México. Aunque es bueno que se unifique también, para que nos entendamos los millones que hablamos en español; pero, sin que se pierda nunca la diversidad. El poeta, el escritor, deben escribir en la lengua de su pueblo y, al mismo tiempo, hacer que la entiendan los demás.
Conclusiones
Las conclusiones, en general, apuntan a la unificación del idioma,
“conciliar sin anular la lengua individual de cada región”.
Y este es un escueto resumen de ellas:
1- Se dijo que el idioma debe permanecer enraizado en sus orígenes culturales.
2- Un texto que tenga un español diferente al de su origen, hace que sus significados queden con poco sentido. Se debe mantener la idiosincrasia de cada pueblo, para darle fuerza a los mensajes. Se sugiere, eso sí, conseguir que sea entendido por la mayor cantidad de personas. Para lograr ese fin, los Correctores debemos esforzarnos por no alterar el estilo.
3- Se ha pedido, asimismo, que no se “inventen” palabras –hecho con el cual, por mi profesión de Correctora Literaria, tengo que lidiar en muchas oportunidades–. Aunque hay algunos nuevos vocablos que se van incorporando a nuestro idioma, hay otros que ya tienen sus sinónimos y que no debemos cambiar. Dijeron: “hay que «desterrar» la invención de palabras que –según creen los que las promueven– le dan «lustre a un texto», pues es todo lo contrario”.
4- Las traducciones deben ser adaptadas a cada idioma, para que el texto no se vea alterado en su contenido real.
5- Se explicó en varias oportunidades que no es necesario adjetivar demasiado, sino que un solo adjetivo, pero bien puesto, es suficiente. No por adornar demasiado un párrafo, éste tiene más calidad. Una obra con frases breves, en donde cada palabra diga algo, es preferible a escribir largos textos sin ninguna significación.
6- El lenguaje de los medios debería estar al alcance de todos, pero muy bien redactado. Se debe tener en cuenta que algunas personas acceden solo a ese tipo de lectura.
7- Todos los expositores hablaron de Internet y le dieron su debida importancia como elemento de conocimiento de la lengua; lamentaron que –comparativamente– hubiera tan pocos sitios en español, y sugirieron que debían incrementarse, en la medida de lo posible.
8- Catalogaron al “spanglish” como una amenaza, y parcialmente destructivo. “Debe evitarse” –aconsejaron.
Por encima de lo académico, cuyo balance será tema de especialistas y tendrá múltiples derivaciones, el III Congreso Internacional de la Lengua triunfó en un aspecto muy importante: el calor popular.
Deseo cerrar este comentario con algo que escuché. Lo dijo uno de los expositores y espero que ustedes me comprendan si, después de haber oído a tantos de ellos, no puedo recordar quién fue. Pero a él le adjudico estas palabras:
“La lengua no es un conocimiento más, sino la base de todo conocimiento”
Y, por último, una expresión de reconocimiento para el pueblo
rosarino, que ha sido uno de los grandes artífices del éxito
del III Congreso Internacional de la Lengua Española.
Algunos datos fueron tomados, del sitio del III Congreso.
Cuando volví del III Congreso Internacional de la Lengua Española , lo hice satisfecha por los conocimientos que había incorporado, y disconforme por algunas faltas de prolijidad.
Pero mi sorpresa fue cuando decidí mirar la Constancia de Asistencia que me entregaron, ¡no lo podía creer!
¿Cómo se las han ingeniado para cometer tres errores en menos de dos renglones?
El texto dice:
... ha asistido al III Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario, Santa Fé, entre los días 17 al 20 de Noviembre de 2004.
Los errores, que saltan a la vista:
-
1- Santa Fe se escribe SIN acento en la E.
2- No se puede decir: entre los días... al... sino que debe ser: entre los días 17 y 20; o, más correctamente, desde el día 17 hasta el día 20; o, también muy correcto: los días 17, 18, 19 y 20.
3- Los meses se escriben en minúsculas. Por lo tanto, noviembre debe ir así escrito.
No estoy comentando un panfleto común, sino el Certificado que corresponde a la Asistencia al III Congreso Internacional de la Lengua Española .
Lamentable, muy lamentable.
En el III Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario, Argentina, quien nos sacó de la formalidad del mencionado Congreso, fue nuestro queridísimo y ahora desaparecido Roberto Fontanarrosa, el Negro. Yo tuve la fortuna de asistir, y escucharlo personalmente... Cuando la cámara haga una toma por la platea, quizás pueda verme.
Si desea escuchar sus dos partes, aquí lo tiene al "Maestro".
Las malas palabras 1
Las malas palabras 2
Cualquiera de los contenidos de esta página puede ser reproducido, citando la fuente y el autor.
Profesora Correctora Hilda Elina Lucci
Corrige al sabio y te amará
Corrige al necio y te odiará
correctora.hilda.lucci@gmail.com
http://hildalucci.blogspot.com/
Conozca el CV de Hilda Lucci
