Para el asombro: Feria del Libro 2010
Llegué junto con mi amiga y cliente María Bee a las 16 horas del día domingo 9 de mayo de 2010, luego de dar vueltas durante más de media hora hasta encontrar un estacionamiento.

Ella firmaba los ejemplares de su primer libro, REIMU, El Anagrama Sagrado , en el cual estuvimos trabajando durante años.
Una vez en la entrada, vimos que, por supuesto, había una fila de personas esperando para ingresar.

Me llamó la atención que, cuando pregunté, informaron que “las entradas se sacaban adentro”.
Por ese motivo, decidimos ir hacia donde se encontraba el último
de la fila, para entrar como correspondía, y comenzamos a caminar por la Avenida Sarmiento.
Cuál no sería nuestra sorpresa, cuando veíamos, paso a paso, que la cola se alargaba. “¿Hasta dónde?” ––nos preguntábamos, ya cansadas y nerviosas, pensando que se nos haría tarde, pues le habían asignado un horario para la firma de sus ejemplares.
Al llegar a la esquina de Plaza Italia, vimos que la columna continuaba.

Las boleterías en donde normalmente se expenden las entradas, estaban cerradas, abandonadas y sucias, sin explicación alguna.

Lo mismo ocurría con el resto de los sitios de entrada para los visitantes.

Dimos la vuelta, y caminamos, ¡cuatro cuadras más!, de a cuatro en fondo, hasta encontrar al último de la fila.
Honestamente, yo me quedé porque estaba de por medio el gran acontecimiento que significa para un autor la presentación de su obra; porque si no, hubiese huido despavorida. ¿La gente? Nada… es como si los argentinos nos hubiésemos acostumbrado a que nos traten de cualquier manera… nadie comentaba nada… pero la cola seguía.

Y seguía…

Una vez que invertimos el recorrido y volvimos esas 12 cuadras dentro de la cola, pero enfilando esta vez hacia la entrada, encontré un mísero cartelito que el menor de mis nietos lo hubiera hecho mil veces mejor. La palabra de arriba, que quedó cortada (recordar que yo soy correctora, no fotógrafa), decía: “Entrada”. El hecho es que la gente ya caminaba rápido, y la tuve que fotografiar a los empujones, y sin perder mi sitio en la fila.

Y seguía… niños, embarazadas y gente grande… ¡a la cola!

Los más favorecidos, los vendedores ambulantes. Desde gaseosas hasta todo tipo de juguetes, pasando por las golosinas, y los famosos choripanes... ¡Sí! ¡Esos que tienen prohibida la venta en la vía pública! ¿Policía? ¿Seguridad? Yo no la vi.

Una vez adentro, el trámite fue rapidísimo, ¡más de 10 boleterías abiertas!

Y, ¡al fin!, logramos entrar.

Llegamos y María Bee pudo presentar su libro, Reimu, el Anagrama Sagrado

Asimismo pudo firmar sus ejemplares a los compradores…

Había mucha gente, como de costumbre, y muy pocos sitios para sentarse, también como de costumbre.
Los sanitarios… ¡como para buscarlos con lupa! (Si no nos
importara que se nos ensuciara). Las indicaciones para encontrar los Pabellones, absolutamente deficientes.

Vidrieras del Pabellón de Dunken

Encontré algunos libros corregidos por mí, que habían sido presentados en años anteriores, y eso fue una alegría.
Entre ellos uno de Eduardo Versi, 2012, La Puerta

Una saga de cuatro libros de Elia Toppelberg, que tuvieron también mucho éxito.

Al salir, me quedé observando un cartel que hizo que me preguntara… “¿Nosotros, Capital Mundial del Libro 2011? ¿Para volver a presentar ese lamentable espectáculo? ¿Cómo podemos ser tan caraduras?”.

Si ahora, casi en la fecha del Bicentenario… hasta los Granaderos pareciera que nos daban la espalda…

Es más, me produce una profunda tristeza.
Prof. Correctora Hilda Lucci
www.hildalucci.com.ar
Traducciones
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Profesora Correctora Hilda Elina Lucci
Corrige al sabio y te amará
Corrige al necio y te odiará
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