Narraciones de Hilda Lucci

Recuerdos de Londres

Hola querid@s amig@s

Bienvenidos a quienes volvieron de sus vacaciones, y que las disfruten aquellos que aún no las tomaron.

Yo este año tuve la gran suerte de ser invitada por mi hija, que vive en Londres, a pasar las fiestas de fin de año…

Agradezco a todos mis clientes que decidieron esperarme hasta mi regreso, para que pudiera descansar de verdad.

Así que aquí estoy de vuelta, con toda la alegría por haber compartido unos días con ella, y con un montoncito del frío londinense que traje en mis maletas para paliar el verano porteño.

Aquí van unas fotos que comparto con ustedes como recuerdo de esos hermosos días que pasé, ¡y adelante con este 2012! ¡A seguir trabajando como siempre!

Cordialmente

Prof. Correctora Hilda Lucci

 

 

Londres 1

 

A dos cuadras de su casa, con Bliss, su hermosa Greyhound adoptada
Greyhound Rescue www.grwe.com

 

Londres 2

Papá Noel se portó muy bien, aunque no debe de haberle sido sencillo bajar por esta pequeña chimenea de 120 años de antigüedad

 

Londres 3

Probándose los regalitos, ¡feliz Nochebuena!

No es porque yo sea su mamá, pero… J

 


 

Londres 4

 

El 31 de diciembre de 2011, al terminar de sonar las 12
campanadas del Big Ben,
los fuegos de artificio en el London Eye,
celebrando la llegada de este 2012

 

 

 

Londres 6

 

El festejo en las calles

 

Londres 6

¡Cómo no vamos a ir a cenar a un Pub!

 

Relatos de Praga

- Capítulo 1
En el tren, desde Viena, camino a Praga

        Y, por una de las maravillas de la tecnología, puedo escribir alguna de mis impresiones con mi Laptop.
        El tren salió puntualmente, como era de esperar de los vieneses.
        La primera hora fue muy entretenida y pasó volando.
        Los controles de salida de Viena fueron estrictos y también los de entrada a la República Checa, uno detrás del otro.
        Estoy ahora en la estación de... ¡Oh! ¡Imposible escribir el nombre! Y ya se pone en movimiento otra vez.

        Viajo con un contingente de adolescentes alemanes –o vieneses– que están acompañados por un profesor. Pensé que el vagón sería un enorme tumulto, pero no es así. Se comportan bien, como los que vi en Viena.
        Callados, pero alegres, respetuosos. Ahora están todos leyendo, menos una niña que no pasó el control y, aunque rogó “bitte, bitte” (¿se escribe así?) la hicieron bajar en la primera estación por algún inconveniente en su pasaporte.
        El Policía de control, lo más parecido a la Gestapo que vi nunca -salvo en las películas- negaba con su cabeza rapada.
        No hubo forma de convencerlo.
        La chica, llorando, se quedó custodiada en la primera estación para enviarla de nuevo a Viena.
        El incomprensible, para mí, idioma alemán, se ha tornado casi familiar, al lado de este gutural checo.

        El paisaje cambió de manera notable y, el verdor de los campos de Viena, ha dejado lugar a una pobreza que se ve en los edificios y las estaciones.
        El resto... algunos campos, no muchos, unos bosques.
        Llevo dos horas de viaje y faltan aún tres.

        Alguien emite los comunicados en checo, luego en alemán y, por último, en un inglés bastante dudoso que se me hace difícil de comprender... ¿Dónde quedamos nosotros, los latinos?

        El grupo sigue leyendo y comiendo... comen y comen, desde antes de salir el tren de la estación: caramelos, chocolates, papas fritas, gaseosas, agua... y cuando creía que no podrían comer más, empezaron a sacar de sus bolsos enormes sándwiches de baguettes con fiambres, quesos, tomate y diferentes salsas.
        Por suerte, el asiento a mi lado está vacío.
        Es la primera vez que me muevo sola en un viaje por Europa, y se me hace diferente.
        También tiene su encanto, cuando se sabe que a una la esperan en algún punto, en algún lugar y una se dirige hacia allí.

        Estamos pasando por unos túneles que ponen nervioso a un señor que parece no estar muy seguro de hacia dónde se dirige, y pregunta a cada uno cuánto falta para llegar a no sé qué lugar.

       El camino es ahora sinuoso, entre cerros cubiertos de árboles, y se torna más bonito.
       En el medio de un cerro, dos edificios tipo monobloque, con pequeñísimos balcones en donde cuelga la ropa. Algunas construcciones cuadradas y altas, bastante deprimentes... más puentes, más montañas, más verde.

        Llevo ahora exactamente tres horas de viaje y acabamos de parar en una estación: Ceská Trebová. También lleva un acento de triángulo invertido en la C y la R, pero es imposible encontrarlo en este teclado, al menos ahora, durante el traqueteo.
        Ya hay más verde, bosques de pinos en todos los cerros que circundan las vías del tren.
        Creo que los chicos, tan ocupados en comer, ni han mirado por las ventanillas del tren.
        Tampoco parecen preocupados por la compañera que han tenido que dejar en la primera estación y, en cambio, yo no he dejado de pensar en ella. ¡Estaba tan desilusionada y rogó tanto al policía!
        El tren se desliza suavemente pero, cada tanto, hace movimientos muy bruscos... imposible dormir. No importa, es lindo mirar hacia fuera.
        Otra vez sonó el celular de una chica y, cada vez, le cambia la melodía ¡jaja! Esta vez, fue el tema de La Pantera Rosa, el anterior había sido la melodía de El Golpe.
        ¡Y llegó el turno de la fruta! Manzanas y bananas por doquier... ¿Cómo pueden ser tan flacas estas niñas?
        Pero, eso sí, todos los residuos van a sus bolsos, el tren no se ve sucio. Claro, siendo yo argentina, me llama la atención tanta pulcritud.

        Estamos aminorando la marcha, están reconstruyendo una estación... solo dos obreros trabajando.
        Más túneles, viejísimos, medio abandonados, el cielo se puso gris.
        El paisaje es muy verde y descansa de solo mirarlo.
        Hay pequeños grupos de casas en los valles, con sus techitos rojos.

        Una chica me pregunta, en inglés, si puede sentarse a mi lado para fumar un cigarrillo, porque viajo en vagón de fumadores.
        Nos ponemos a conversar, siempre en inglés, durante unos minutos, hasta que me pregunta:
        –“Where are you from”?
        –“I´m from Argentina”.
        –¿Y por qué estamos hablando en inglés? ¡Yo soy mexicana!

        Falta solo una hora para llegar a destino, pero la batería de la computadora no alcanzará hasta ese momento...
        La apagaré durante un rato.

        Empieza a verse el paisaje más llano, igual de verde y hermoso, veo una autopista, automóviles, un puente sobre el río Moldova...
        He llegado a Praga.

Hilda Lucci©


Capítulo 2
Splindleruv Mlyn

        Aquí en Praga, con la sensación de no haber visto nunca algo tan hermoso como esto.
        Me estaban esperando al pie del tren, justo en la puerta por donde bajé.
        Nos dirigimos directamente a la casa de mis amigos.
        Hermoso matrimonio, joven, alegre, hospitalario y tan contento de conocerme como yo a ellos.
        Ella estudió filosofía, e hizo un curso de guía de turismo y ahora trabaja en una Embajada aquí en Praga. Por lo tanto, al día siguiente de mi llegada, nos llevaron a recorrer toda la ciudad.
        Cada detalle, cada callecita, cada majestuoso edificio, fue explicado y visto en conjunto. Todo me dejó maravillada.
        Me habían dicho tanto sobre la hermosura de Praga, que tenía miedo a desilusionarme, pero... ¡todos se han quedado cortos! ¡Es maravillosa!
        Sacamos fotos y, por supuesto, fuimos a cenar. Al salir, nos encontramos con que, uno de los tantos conciertos gratuitos, era el de una orquesta de viento, integrada por chicos de entre 12 y 18 años del Conservatorio de Londres.
        Pensamos que, sentarnos dentro del teatro, sería un descanso y una distracción antes de continuar, pero nuestra sorpresa se tornó en asombro, cuando el conjunto ejecutó unas piezas musicales con un profesionalismo sorprendente, acompañado por la ingenuidad y la alegría de los jóvenes.
        El director, también muy bueno, se veía como un amigo de esos jóvenes, que le sonreían ante cada movimiento de batuta, pero con la seriedad de artistas consumados.

        En el día de hoy fuimos a Spindleruv Mlyn (¡lleva acentos imposibles!)
        Está al Norte de Praga, a unos 150 Km, y cerca de la frontera polaca-alemana.
        Es un centro de esquí, alpinismo y caminatas en medio de la montaña.
        Por kilómetros y kilómetros, solo hemos visto árboles enormes, apiñados en las montañas, valles, pequeños pueblos con los campanarios de sus iglesias, río de deshielo entre piedras, en donde se pesca salmón, lugares paradisíacos que hacen desear quedarse allí por quince días, en contacto con la naturaleza. Querríamos volver... no hay palabras para describirlo mis amigos sabían muy bien adónde me llevaban.
        La casa de este matrimonio es muy bonita, mucho más de lo que yo me había imaginado.
        A solo quince minutos del centro de Praga, está enclavada dentro de un cerro.
        Eso hace que, su jardín lleno de preciosas plantas y flores, tenga a su fondo, el marco de los pinos del bosque.
        Lo mismo hacia el frente, donde una familia gatuna con sus cuatro bebés, espera todas las tardes su ración de leche y carne.
        Mis amigos son también encantadores y eso, más el amor que se tienen, se ve reflejado en cada detalle de la casa, en cada rincón, en cada adorno, en cada flor.
        Me han hecho sentir como en casa y estoy feliz de estar pasando estos días en Praga y con ellos.

Hilda Lucci©


Capítulo 3
Botanicus y Kutná Hora

        El tiempo sigue muy inestable, lluvioso y bastante fresco.
        Es por eso que, en vez de una excursión hacia el sur que pensábamos hacer, decidimos cambiar por Botanicus y Kutná Hora.

        Fue un día de paseos interesantísimo y, lo divertido, es que fuimos a un lugar que, ni siquiera mis amigos, conocían todavía.
        BOTANICUS ha inaugurado un sitio muy bonito a unos 35 Km de Praga, en donde tienen flores de donde sacan sus esencias y de las que se pueden comprar plantas pequeñas.
        Han construido un pueblito antiguo, medieval, todo de madera, en donde se pueden ver a los artesanos cada uno en su oficio, haciendo el pan, tejiendo en telar, forjando el hierro, destilando vinos y aceites, fabricando velas y jabones. También se ven danzas y cantos tradicionales con instrumentos antiquísimos.
        Tiene lugares para que jueguen los niños a juegos sencillos del siglo XV, tiro con arco y flecha y luego... ¡se come! ¡Y cómo! Habían preparado un cochinillo enorme en una especie de espada giratoria –tipo spiedo– cocinada por leños. En toda mi vida no recuerdo haber comido algo más rico que eso. Estaba sazonado con cerveza, hierbas y miel. ¡Una delicia!
        Luego de los postres, especiales también, nos fuimos a KUTNA HORÁ, distante unos 40 Km de donde estábamos.
        Es también un pueblo pequeño, antiguamente poblado por mineros.
        Tiene unas edificaciones magníficas y resulta casi inconcebible pensar que esos hombres –los mineros– hayan edificado una Catedral como la que hay allí, llena de grabados en madera en sus bancos, altares, confesionarios, puertas, ¡no hay uno que sea igual a otro, ni en el interior, ni el exterior de la majestuosa construcción!
        El obligado café con crema tomado en una cafetería con balcón aterrazado que miraba al valle, las montañas y las demás Iglesias, fue el punto final del hermoso viaje a Kutna Horá, lugar poco visitado por los turistas, pero que vale la pena conocer.

Hilda Lucci©


Capítulo 4
Vysehrad

        Hemos ido a la Catedral de Vysehrad (con acentos imposibles).
        Después de todas las Iglesias que habíamos visto, consideré que ya no vería nada nuevo... que sería solo una más, pero... me equivoqué, ¡y cómo!

        En un lugar no muy frecuentado por los turistas, a poca distancia del centro de Praga, hay unos enormes jardines rodeados de una fortaleza y, dentro de ellos, la Catedral.
        Ese era el lugar en el que, inicialmente, se fundó Praga. Cuenta la leyenda que el Rey, al quedar viudo, fue “solicitado” por una Princesa pero, al verse ésta desdeñada, lo combatió peleando como un guerrero. Eso se hizo desde lo que hoy es el Castillo de Praga. Allí se iniciaron batallas que, en definitiva, la declararían perdedora, pero de allí proviene, dicen, lo que llaman “el espíritu combativo de las checas” .

        Los parques tienen una vista magnífica hacia toda Praga. Desde el Castillo hasta la Catedral y el río Moldova.
        O sea, es ver a Praga desde otra perspectiva. Praga desde el Puente Carlos, Praga desde el Río, Praga desde cada lugar, tiene una visión diferente, pero siempre hermosa.

        Cuando llegamos a la Catedral, quedé maravillada.
        Todas las columnas, cada rincón del techo abovedado, cada parte de cada altar, están con pinturas originales. Son de una belleza inimaginable, junto con el labrado en madera de los bancos. Los vitrales, originales ya que se salvaron de la guerra, tienen la magnificencia de todas las obras de arte y dan una iluminación sobrenatural a todo el conjunto. Allí lamenté que no fuera un día soleado, para poder admirar ese colorido en su plenitud.
        Fue un paseo que, como todos, nos fascinó.
...........................
        Teatro Negro de Praga
        La obra, “Anatomía del beso” fue muy buena y para mí, que nunca lo había visto aunque sí escuchado hablar sobre él, fue una experiencia muy agradable.
...........................
        Sigue lloviendo sin parar.

Hilda Lucci©


Capítulo 5
Visita al Castillo

        Por más que el tiempo no acompaña, estamos recorriendo todo lo que podemos.

        Fuimos al Castillo y visitamos sus enormes salones; La Catedral, la Torre del Castillo y, luego, subimos a la torre panorámica del Puente de Carlos con sus… y pico de escalones, desde donde se puede admirar una vista panorámica de Praga.
        Recorrimos la Calle de los Artesanos y me saqué una foto en la que era de Kafka y que parece una casita liliputiense. Vimos sus artesanías y nos atiborramos los ojos como turistas verdaderos con todas las baratijas tradicionales.

        Almorzamos a eso de las seis de la tarde y dimos un paseo en bote por el río, desde donde hay una perspectiva de la ciudad diferente a la que se ve desde tierra.
        Hay en Praga 300 torres de iglesias y ellas sobresalen por sobre todos los tejados, con sus cúpulas negras, doradas y verdes.
        Fue una visita de todo el día que valió la pena.

        Ayer estuvo el tiempo amenazante todo el día, por lo que fuimos a dar una caminata por el bosque que hay detrás de la casa de mis amigos, y desde donde se puede apreciar, a lo lejos, desde el Castillo hasta la Catedral... saqué fotos, pero no sé si se apreciarán en ellas los detalles.
        Hoy amaneció de nuevo lluvioso y, aunque nos disponíamos a salir, todavía no sabemos si lo haremos, ya que ahora llueve mucho.
        De todas maneras, al tener tiempo suficiente, esto no se hace dramático, sino que son días que se aprovechan para leer o, como ahora, para escribir.
        También para cocinar, como ayer, en que preparé una sopa castellana de la cuál me dieron la receta en Madrid y que gustó mucho, según el valioso testimonio de los conocedores.
        Los chorizos colorados que compramos en Madrid para traer a Praga, son buenísimos y cumplieron con su cometido al sazonar esa sopa.

        Esta noche saldremos a cenar pizza a un lugar cercano que se llama “Siesta”...nombre raro para Praga, ¿no?
        Hasta ahora, todo lo que he visto me resultó impresionante.
        Pero hay una diferencia fundamental en lo que respecta a pinturas y riqueza de Palacios.
        Ninguno ha sido como los que visitamos en España.
        Ni el de Schönbrunn en Viena, ni el Castillo aquí en Praga, tienen la majestuosidad y fastuosidad que hemos admirado en España.
        Aquí, lo que supera a todo, es la arquitectura, las callecitas que conducen a jardines, pequeñas plazas o rincones pintorescos, los techos, con sus adornos dorados, los jardines, como el que vimos ayer, que fue mandado a hacer tratando de imitar las estalactitas de una cueva y que atrapa como un sueño psicodélico o una obra de Gaudí.
        Entonces a Praga hay que admirarla caminando, recorriendo, mirando hacia arriba hasta que duela el cuello y luego, al llegar a mitad de cuadra, darse vuelta para mirar lo que quedó atrás y encontrarse, con sorpresa, que aún había más y más.
        Y un día como el de hoy, lluvioso, con bruma, con una temperatura que invita a ponerse un abrigo, es para recrear lo visto, archivarlo, revivirlo, comentarlo y esperar a que salga el sol para llenarse otra vez de paisajes.

Hilda Lucci©


Capítulo 6
Y Praga quedó atrás

        Físicamente, que no en mis recuerdos.
  Cada rincón de sus paisajes permanecerá siempre en mi memoria como algo imborrable.
        La despedida fue lenta y pensada. Recorriendo sus calles, mirando sus fachadas, absorbiendo su belleza.
        El día antes de mi salida a Viena, fuimos a recorrer “Praga de Noche”. Y es otra Praga.
        Más silenciosa, más íntima.
        El Moldova visto desde la orilla, al lado del Puente Carlos, se mueve rumoroso al paso de las barcazas de rueda. Las gaviotas producen graznidos, molestas ante la intromisión.
        Un vino a la orilla del río, de noche, fue otra manera de gozar de la ciudad de las cúpulas.
        Caminamos por el Puente Carlos, recorrimos pequeñas callejuelas y, luego, el obligado café en el Slavia, mirando hacia el Castillo iluminado. Es como un ensueño, con sus diferentes colores, suaves y misteriosos.
        Hoy, antes de mi partida, algo casi insólito en Praga, les preparé un asado, al mejor estilo argentino, como un anticipo a mi próximo arribo a Buenos Aires.

        Llegaré en dos horas aproximadamente a Viena. Desde la vera de las vías del tren, puedo reconocer paisajes vistos más de una vez, durante mis otros viajes a Praga.
        El campo y los bosques comienzan a dar indicios del otoño cercano, y los días ya se han acortado, oscureciendo ahora a las 8.00pm.
        Los checos ya empiezan a despedirse del verano con un dejo de nostalgia.
        Un vagón de tren silencioso, pocas personas viajamos en él.
        Viena... y luego Buenos Aires, me esperan.

Hilda Lucci©

¿Anciana yo?

        Mi abuela, para mí, siempre fue muy viejita. Desde sus 40 años vistió de un riguroso luto que nunca se quitó, y falleció siendo una “anciana” de 60 años.  Mi madre, a esa edad, era una mujer a quien le encantaba concurrir a las Peñas a bailar folklore, y en los veranos irse de vacaciones a Punta del Este: murió siendo una “señora grande” de 84 años, ¡la única de la familia que se acordaba de los cumpleaños, aniversarios y santos de todos, incluidos sus bisnietos!

       Actualmente, cuando tenemos hijos de 30 años que aún se consideran adolescentes, cuando las mujeres a los 50, 60 o más años –como muchas artistas conocidas en el medio–, estamos en la flor de la edad, cuando seguimos produciendo en nuestras profesiones y no somos más el “prototipo” de la abuelita tejiendo escarpines, sino que llevamos a nuestros nietos a los museos o al teatro. En estos momentos en los que se conciben vocablos que no están ni siquiera en el último Diccionario Panhispánico de Dudas, ¿no deberíamos inventar una palabra para designar a esa franja que va desde los brillantes sesenta hasta los serenos y plácidos ochenta o noventa? ¿En qué momento una sugestiva cincuentona pasa a ser una anciana sexagenaria? ¿A alguien se le ocurriría decir que Mirtha Legrand, Susana Giménez o Moria Casán son “ancianas”?

® Prof. Correctora Hilda Elina Lucci
correctora.hilda.lucci@gmail.com

Cualquiera de los temas de esta página puede ser reproducido, citando la fuente y el autor.

Como mamá de cinco hijos...

       Como mamá de cinco hijos, tengo infinidad de anécdotas. Cada uno de ellos se ocupó de dejarme imborrables recuerdos, pero hubo uno que se distinguió entre todos por hacerme pasar los mayores papelones: mi segundo hijo. Fueron todos aproximadamente a la misma edad, entre los dos y los tres años, que es el tiempo de los desaciertos, de la inocencia total y la curiosidad, unida a la difícil tarea de averiguar, preguntar y querer sentirse “grande”. En una oportunidad iba con él y sus otros hermanos a elegir un juego de artefactos de baño, pues estábamos remodelando nuestra casa. Saqué número para esperar que me atendieran y comencé a caminar con los niños, recorriendo los distintos decorados. Consideré que había pasado demasiado tiempo y mi mente de madre comenzó a trabajar: el mayor pedía cuando quería hacer pipí, el más chiquito (los otros no habían nacido) usaba aún pañales pero... quedaba
el segundo hijo, que era muy pequeño aún... así que le pregunté. –Hijo, ¿quieres hacer pipí?
        A lo que él respondió mirando orgulloso los inodoros de exposición y con cara muy feliz: –No, mamita, ¡ya hice!
        Nada pude hacer, más que salir apresuradamente del sitio en el que se encontraba un hermoso inodoro italiano rodeado de “agua”.

       En otra oportunidad estaba llevando una campera a la tintorería. Como en la mayoría de estos negocios, su dueño era un japonés. Cuando entré con los niños y este señor preguntó mis datos –con ese acento tan especial– comencé a ponerme inquieta cuando vi que mi hijo (el segundo) no le quitaba los ojos de encima.
       “¡Con qué saldrá esta vez!” –pensé. Por lo tanto, en cuanto terminé, lo tomé de la mano y me disponía a salir, cuando él se soltó, volvió corriendo hasta el mostrador y, le preguntó: –Señor... decime... vos... ¿también tenés pitito? Debo agradecer al tintorero que contestó muy amablemente, pero cuando llegué de vuelta a mi casa, ¡mi cara aún estaba colorada!

        Fui un día a comprar unos pantalones para los niños. El empleado, queriendo congraciarse con los chicos, les ofreció una pastilla a cada uno, pero eran de mentol.
        Cuando se los dije, el mayor desistió, el tercero era muy pequeño, así que no tenía poder de decisión, pero el segundo... ¡¡ah... el segundo!! –Yo quiero una –dijo
       –Hijo, son de menta, de la que pica mucho, ¡mucho! –traté de disuadirlo. A los niños no les gusta la menta –le dije al empleado.
        –Pero mami, ¡a mí me gustan! –repuso retador.
        El muchacho me miró como si yo fuera la culpable de que el pobre niñito se quedara sin la golosina y, al ver mi gesto de asentimiento, le dio la pastilla, que él enseguida se puso en la boca, mirándome desafiante, como diciendo, “¿viste que me gustan?” No habrían pasado ni dos minutos, cuando el nene le dijo al empleado:  
        –¿Me das tu mano?
        El empleado le sonrió afectuosamente (yo seguía siendo la “mala” de la película) y le tendió su diestra.
        Mi segundo hijo la tomó con mucha tranquilidad... se la dio vuelta y, cuando tuvo la palma hacia arriba... ¡le escupió la pastilla semi-masticada!
        –No, no me gusta, ¡pica! –le dijo con toda tranquilidad.
        Este fue un papelón a medias... ¡Nunca subestimes la recomendación de una madre!
       ¡Pena no haber tenido una cámara para captar la expresión del empleado!

…continuará…

® Prof. Correctora Hilda Elina Lucci
correctora.hilda.lucci@gmail.com

 

Cualquiera de los contenidos de esta página puede ser reproducido, citando la fuente y el autor.

Profesora Correctora Hilda Elina Lucci

Corrige al sabio y te amará
Corrige al necio y te odiará

correctora.hilda.lucci@gmail.com
http://hildalucci.blogspot.com/

Conozca el CV de Hilda Lucci
Mapa del sitio
Inicio
 | Acerca de mí | Contáctese | Narraciones | Videos de escritores | Mis escritores | Prosa contemporánea | Imaginación al poder | Decálogo | Gazapos célebres | Leyes de MURPHY | Usted PUEDE escribir | ¿Cómo se hace una corrección? | El Corrector, HOY | Testimonios | Obsequio para usted | Enlaces interesantes | III Congreso Lengua | Para el asombro | Fotos profesionales | Cuentos y relatos | Novedades